El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instruyó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a intensificar las detenciones y deportaciones en las llamadas «ciudades santuario» gobernadas por demócratas, como Nueva York, Los Ángeles y Chicago, calificándolo como “el mayor programa de deportación masiva de la historia”.

El mandatario acusó a estas urbes de usar inmigrantes indocumentados para ampliar su base electoral, bajo la premisa de “restaurar la tranquilidad interna” Esta orden pretende elevar las detenciones diarias de inmigrantes a 3 000, comparadas con las 650 diarias en los primeros meses de su segundo mandato. Sin embargo, en sectores clave como la agricultura, hotelería y restaurantes —que dependen de mano de obra inmigrante— se detuvo la persecución laboral, tras reclamos de empresarios que alertaron por la escasez de trabajadores.

La medida de Trump llega en medio de protestas masivas, especialmente el movimiento “No Kings” que congregó multitudes en ciudades como Los Ángeles (L.A.) y Portland. En L.A. la policía, respaldada por la Guardia Nacional, usó gases lacrimógenos y proyectiles antidisturbios tras declarar ilegales algunas concentraciones. A nivel federal, el Departamento de Seguridad Nacional y el ICE enfrentan una crisis presupuestaria, con sobrecostos de alrededor de 1000 millones de dólares en su afán por llevar a cabo estas deportaciones, lo que ha encendido el debate sobre la viabilidad económica y legal del plan.


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