El Mundial 2026 vivió una noche histórica en Monterrey y Japón se encargó de convertirla en una fiesta completa. En el partido número 1000 en la historia de las Copas del Mundo, los Samuráis Blues no sólo golearon 4-0 a Túnez en el Estadio Monterrey, también se adueñaron de la tribuna, del ambiente y del ritmo de un Gigante de Acero pintado con los colores del Sol Naciente.

La cita tenía etiqueta especial desde antes del silbatazo inicial. En las gradas se reunieron 51 mil 243 aficionados, con una marcada invasión japonesa: cerca del 80 por ciento del público era nipón o apoyaba abiertamente a Japón. En los palcos también estuvieron el presidente de la FIFA, Gianni Infantino; la Princesa Hisako de Takamado, y el gobernador de Nuevo León, Samuel García.
La fiesta no tardó en trasladarse al marcador. Apenas al minuto 3, en una descolgada por izquierda y una diagonal letal al área, Daichi Kamada apareció para firmar el 1-0 y desatar el primer estallido de una afición que alcanzó hasta 140 decibeles. El grito de “¡Ganbare Nippon!” comenzó a retumbar desde el minuto 7, como una declaración de intenciones: Japón estaba en casa.